Bienvenido, Mister Ryan

Enhorabuena, paisan@s: seguiréis sin poder ir en bici al trabajo, pero en breve seréis capaces de ir desde Matacán International Airport a cien kilómetros de alguna parte, que lo ha dicho la Junta. Fue sin querer (es caprichoso el azar), pero lo cierto es que la buena nueva coincidió con mi afán por revisitar el clásico de Berlanga Bienvenido, Mister Marshall. Y fui incapaz de disfrutarla sin acordarme a cada poco de la grata noticia. Por ejemplo cuando Manolo Morán, desde el balcón del ayuntamiento, le dice al pueblo:

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-Y yo os recomiendo que vayáis pensando en lo que vais a pedir a los americanos, porque os doy mi palabra de honor que se van a estar aquí mucho tiempo gastándose todo el dinero que traigan...

A la espera de saber a cien kilómetros de dónde nos dejarán los aviones subvencionados por la Junta (¿subvencionando a la empresa privada? ¡Menudos liberales!), da la risa floja sólo de pensar que se tardará menos en ir de Salamanca a ninguna parte en avión, lo cual es bien útil, que de Salamanca a Madrid en tren, que es un capricho que nos damos unos cuantos excéntricos muy de vez en cuando. Puede que, y esto también es para reírse hasta la agujeta, hasta sea más barato. Y a pesar de que no es muy arriesgado aventurar aviones de filas y asientos más estrechos que el pensamiento de un político castellano leonés medio, es probable que sea más cómodo que viajar en TRD, la cafetera (también llamada tren) que une Salamanca con Madrid en el competitivo tiempo de dos horas y media (con los astros a favor). Y lo que ya es para reírse más que Ronaldinho del Barça, es que la Junta de Castilla y León le regale unos cuantos euros a una empresa privada irlandesa y no se haya planteado ni por asomo destinar algo de pasta a estudiar cómo reabrir la línea férrea Salamanca-Zamora; o en ocuparse de que algún tren desde Madrid llegue hasta Ciudad Rodrigo; o en pedir -sólo pedir- a RENFE que algún tren a Portugal circule por Salamanca; o en adecentar un poco la cochambrosa estación de autobuses; o en desdoblar cualquier carretera autonómica de las que cruzan esta rica provincia que espera impaciente el momento de entonar: "Los yankis han venido, olé salero, con mil regalos / y a las niñas bonitas van a obsequiarlas con aeroplanos..."

Mientras la ciudad se prepara para recibir a todos esos adinerados viajeros que suelen volar con Ryanair, servidor se pregunta por qué es más importante un aeropuerto de juguete a un cuarto de hora (en coche), que uno de verdad a una hora y poco (en tren rápido). Y se acuerda de don Luis, el único habitante del pueblo que no veía con buenos ojos tanto agasajo a los yanquis. Mas comprobado el entusiasmo lugareño, dudo que merezca la pena ponerse a gritar, como él, en mitad de la plaza Mayor:

-¿De dónde ha salido el dinero para comprar esto? ¡De nuestros bolsillos! ¡De los bolsillos de todos los contribuyentes! ¿Y qué creéis que vais a conseguir con esta piñata? ¡Hacer el indio ante esos indios! ¿No hay nadie aquí que tenga un poco de orgullo, de dignidad?

Mejor preguntar en Irlanda.

La Guerra de las Medias 15/05/08

La Guerra de los Medios 13/05/08

demablogia | El glamour

Acabó de grabar el programa semanal, se cambió a toda prisa, cogió un taxi para ir a la estación y en mitad del atasco susurro: “Joder, cuánto glamour”. “¿Cómo?”, dijo el taxista. “No, que si se puede fumar”. El autónomo respondió que sí y le acompañó en el vicio. “No se puede tener más glamour”, siguió pensando mientras echaba el humo por la ventana. Se fijó en el anuncio que cubría la fachada de un edificio en obras: “Vuelve Gran Hermano. 04/04/2002.” “Siempre se puede estar peor”, se consoló. Llegaron a Chamartín y de camino al glamouroso McDonald’s se acordó de que no se había acordado de repasar el guión. Que no pare el glamour.

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Su falta de previsión y las casi seis horas de viaje hasta Murcia en aquel Talgo putrefacto hicieron que se subiera al tren con la idea fija de ir refrescando el texto. Todo fue según lo previsto hasta que, a los veinte minutos de viaje, decidió que un poco de glamour nunca viene mal y se fue a la cafetería del tren en busca de algo con alcohol. Por el camino, se encontró con un compañero de profesión que iba a actuar en Albacete. Se saludaron, se sentaron juntos, se pusieron al día sobre sus respectivos trabajos, coincidieron en que la cosa estaba chunga, se preguntaron dónde quedó el glamour, abundaron en el tópico de la inestabilidad de su oficio y se divirtieron al imaginar dónde y en qué estado estarían dentro de unos cuantos años. Cuando se quisieron dar cuenta, habían pasado dos horas. Se despidieron y se desearon suerte. Él volvió a su butaca y se dispuso, por fin, a repasar el guión.

A la media hora decidió que tenía hambre y se fue a comprar algo dulce a la cafetería. El camarero hacía cuentas sobre la barra mientras su único cliente luchaba por aferrarse a la misma, labor harto complicada debido al continuo traqueteo del tren y a la monumental cogorza que se llevaba encima. Él pidió una cerveza y un donut. El otro, mirando al suelo, se arrancó con una jota: "Por muy repulín, pulín / por muy repulín que seas / no dejarás de mojarte / los pelillos cuando meas..." Ya no confiaba en la barra como asidero y se apoyaba en la ventana de la cafetería, dándoles la espalda a él y al camarero, que de vez en cuando miraba al espontáneo cantante por encima de las gafas, cabeceaba, y volvía a sus cuentas. Él apuró la cerveza de un sorbo y pensó: "Y venga glamour".

El Talgo redujo la velocidad y su vaivén. El borracho aprovechó para recomponerse y, sin mas apoyo que sus cortas piernas, entonó: "Tengo la pilila mala / de beber agua en las pozas / y el médico me receta / que se la meta a las mozas". El camarero y él sonrieron. El tren se detuvo del todo. El borracho se dio la vuelta con intención de acercarse de nuevo a la barra. Él le reconoció. Cómo no iba a hacerlo, si había visto todas sus películas, algunas varias veces. Miró al camarero, que le hizo un gesto de afirmación y otro de resignación antes de volver a llenarle el vaso. El tren arrancó carente de todo glamour. Él volvió a su asiento, a repasar el texto.

La Guerra de los Medios 05/05/08

La Semana Divina 06/05/08

demablogia | La bolsa

De los creadores de Aterrizaje suave y Desaceleración ahora llega La crisis, aunque cada vez que oigo hablar a algún miembro del Gobierno sobre este asunto me acuerdo del chiste del abogado que va a visitar a su cliente a la cárcel y le dice: “Tú tranquilo, que tenemos tu caso perfectamente controlado. Ahora, si te puedes escapar…” Pues eso: ustedes tranquilos, que no hay crisis. Ahora, si se pueden escapar a lo Zaplana...

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De hecho, es un esquema muy parecido al utilizado por el Ministro de Sanidad en su particular crisis: tranquilos, que con el aceite de girasol no pasa nada. Vamos a retirar todas las botellas del mercado y les recomendamos que no lo consuman, pero no pasa nada. No contento con ello, además va y se pone chulito, contradiciendo así a los que opinaban que eso era algo más propio de la derecha (perdón: de los liberales): “Tráiganme una botella de aceite, que me la bebo ahora mismo”. Por extraño que parezca, en ese momento ningún periodista llevaba encima una botella de aceite de girasol, pero igual que se la podía beber entonces, se la podrá beber mañana, digo yo. Con lo cual, ya estamos tardando en invitarle al programa, pero a condición de que se beba en directo una botella de litro de aceite de girasol. No recordaba un desafío tan prometedor en televisión desde que Cela le pidió a la Milá una palangana.

Pero hablemos de la crisis: que no se venden pisos, dicen. Normal, si tenemos cuatro o cinco cada uno, y con sus correspondientes hipotecas que no paran de subir, por cierto. ¿Qué pretenden, que los saquemos al mercado de alquiler a un precio razonable? Antes preferimos regalárselos al banco, fíjate. Es nuestro carácter. Que va a subir mucho el paro porque ya no se construye tanto, repiten. ¿Y seguro que no hay donde recolocar a toda esa gente? Porque yo me sé de unas cuantas autovías que necesitarían bastante mano de obra para acabar dentro del plazo prometido… Que han bajado las ventas de turismos y todoterrenos, comentan. Pues claro, si cada miembro de la familia tiene dos, uno para ir a trabajar y otro para ir al híper los findes; y diesel, porque, aunque era más caro, a la larga te sale mejor, nos dijeron. Ahora que parece que el diesel también se rige por el Euribor, ¿qué pretenden, que vayamos a comprar el pan y la prensa andando? Que la peña se refugia en las marcas blancas, publican. Lógico, los nuevos ricos somos así: nos dejamos un pasturrial en el último modelo de home cinema para ver películas compradas en una manta. Que todo lo que sube, baja, vaya. Pero todos tranquilos, que no pasa nada.

Ahora, si la cosa se pone fea, aprovechen para quitarse de los vicios. Lo primero, el tabaco, que total, se ha puesto a precio de droga dura. Después, las cañas, que con eso y un poco de bici queda resuelta la “Operación Meyba”. Y luego... Bueno, no, eso no. Con algo habrá que calmar la ansiedad que provoca este agujero negro al que estamos abocados sin remedio: el Actimel, no. Sí, ya sé que los yogures del DIA están cojonudos, pero te cobran la bolsa.

La Guerra de las Medias 30/04/08

La Semana Divina 28/4/08

demablogia | Toda la verdad sobre el iPhone

"Todo sobre mi iPhone" me gusta menos, pero sería un título más exacto. El mío no es como el que muchos de ustedes, queridos frikis, disfrutarán cuando a Telefónica se le ponga. El suyo será el modelo europeo, con 3G, y podrán hacer cosas que yo sólo he soñado. El mío es yanqui, y allí, por extraño que parezca, todavía son muy partidarios de la pena de muerte, pero no del 3G, que es una cosa muy útil para...

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Bueno, ya, si eso, se lo explico otro día. El caso es que sí, soy un puto ansioso, pero necesitaba probarlo para poder contarles si merece o no la pena sacrificar la ración de gambas por este chisme, que con la crisis que se nos viene encima hay que ir con precaución. Y aquí está mi veredicto, para los muy ansiosos, como yo, que también quieran ahorrarse lo que queda de artículo: el iPhone esta bien, pero vamos, que tampoco es una cosa...

Tras este breve pero sentido homenaje a Luis Ciges, intentaré explicarme algo mejor, aunque no prometo nada. Mola, por ejemplo, que sea sumergible. Ponle que lo llevas en el bolsillo de la camisa y te da por ir a evacuar. Mientras lo haces, te das cuenta de que la bandeja de tus gatas está repleta, de modo que, al acabar, y movido por tu inmenso amor a los animales (y por el sutil chantaje gatuno: "O me limpias la bandeja, o te meo y te cago en la ducha"), te agachas a adecentar primorosamente su excusado, y ves, casi a cámara lenta, cómo tu flamante cacharro se encamina inexorablemente hacia el abismo urinario. Es difícil, pero lean mis labios: puede pasar. Pues bien, tras una noche en observación (apagado y cerquita del radiador), el iPhone funcionará perfectamente. Si a esto le sumamos las 43 veces que, voluntaria o involuntariamente, lo he estrellado contra el suelo, podemos concluir que aguanta bastante bien la tortura que supone tener un dueño manazas.

Y eso me recuerda algo que no mola tanto: de dichas manazas nacen unos dedos como -ponga aquí su comparación escatológica favorita- que truncaron un brillante futuro como carterista, hecho que recuerdo cada vez que escribo un SMS con mi teléfono sumergible. Con el cacho de pantalla que tiene, ya se podían haber currado unas teclas en las que cupiera una yema española estándar. Como el texto predictivo parece haber sido diseñado por su mayor enemigo (¿Nokia? ¿Blackberry? ¿Sony?), servidor, que gustaba de escribir los mensajes respetando las reglas de la gramática española y hasta los acentos (aunque salga más caro), ara tien q scribr ls msjs cmo kualkier sikopata d la ESO.

También hace fotos. La calidad no está mal, pero no tiene zoom ni flash. Te lo pasas teta, eso sí, viéndolas con la pantalla táctil (gran tontería que impresiona mucho a familia y amistades: si giras el teléfono, gira la foto; yo echo así algunas tardes). Y también reproduce música muy bien, como todos los iPod. De hecho, si no se pueden aguantar, háganse con un iPod Touch, que es lo mismo pero sin teléfono. Yo es lo que haría, sino fuera un puto ansioso. Porque el iPhone está bien, pero vamos, que tampoco es una cosa...

La crisis 24/04/08

La Guerra de los Medios 22/04/08

demablogia | Pecadores

Paró de llover, salió el sol, y yo con él a contemplar el tradicional y reconfortante espectáculo con el que las capitalinas saludan a la primavera. Como bien observó hace algún tiempo Rouco (ignoro si debido a su propia experiencia), “en Madrid se peca masivamente”. Servidor no tenía ni idea, pero al oírle, salió a comprobarlo y, flípenlo, es cierto: aquí se peca que da gloria. Y si encima es primavera, ya es un sindiós (lo que no dijo el prelado es que las tarifas son las mismas que en todos los sitios, más o menos). Si será importante aquí el pecado, que hasta el diablo tiene una estatua en su honor, y en El Retiro, nada menos. Un lugar estupendo para aparcar la bici y para, admitámoslo, en plan viejo verde, ponerse a pecar de pensamiento. “Hombre, que tú todavía no tienes edad”, me dirán ustedes, misericordiosos. Ya. Eso pensaba yo hasta que me enteré de que la recién nombrada Ministra de Igualdad tiene un blog, igual que yo, y 31 años, igual que yo. Conocer la noticia y sentirme más estropeado que el hijo de la Pantoja que anuncia muebles fue todo uno. Pero la buena noticia, pecadores, es que, por fin, habemus una ministra que incita masivamente al pecado. Al menos a mí. No sé a Rouco.

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Tras esta lección magistral de Garrulismo Ilustrado, quizá la recién nombrada podría estrenarse en el cargo denunciando estas líneas por machistas (oh, sí, castígame, he sido malo... Perdón, es este ambiente tan pecador de Madrid) y, lo que es peor, alguien podría incluirme en ese selecto club de “pajilleros, reprimidos, grasientos, puteros, siniestros, cobardes y acomplejados” que acaba de montar Daniel Anido, director de la Cadena Ser. Se ve que le entró un calentón (si es que en Madrid nadie está a salvo) y se desahogó escribiendo un artículo en el que les dedica tales epítetos a los “ilustres burgos, ansones, losantos, pejotas, usias y alguna que otra schlichting”. Por si aún estoy a tiempo de evitar el ingreso, usaré el comodín de la igualdad y dejaré escrito que ninguno de los nuevos ministros me incita para nada a lo que sería pecar masivamente (ni siquiera en Madrid). Al menos a mí. No sé a Rouco.

A la sombra de la estatua al demonio, pecaba yo tan ricamente hasta que vinieron a mi cabeza, quién sabe por qué extraña asociación de ideas, las palabras que la indecisa liberal Esperanza Aguirre pronunció al ser requerida su opinión sobre el Ministerio de Igualdad: “Es como si yo creara la Consejería del Amor.” Lástima de ironía, porque quizá sirviera para recomponer su maltrecha relación con el socialdemócrata Gallardón, por no hablar de lo bien que quedaría Rouco al frente de la misma. ¿Nosotros qué somos -le pregunté a Satán-, socialdemócratas o liberales? “¿Tú has visto alguna vez un anuncio en la prensa que diga “Señorita socialdemócrata busca hombre para relación sexual esporádica?”, me espetó. “Pues eso. Venga, a pecar, que te distraes.”

Una vez confirmado que el diablo viste de Prada, aguanté pecando hasta que empezó a llover, me despedí del Maestro y me volví a la cueva a pecar a como Dios (o quizá Rouco) manda.

La Guerra de los Medios 15/04/08

Salud y República

demablogia | Dramas

Ya tenía pensado el título: “La jeta del Geta”. Iba a ser un artículo loando las virtudes de los de Laudrup, que llegan a la prórroga con diez, logran meter dos goles, y todavía tienen ganas de jugar bonito y de intentar marcar otro. En eso pensaba cuando vino el último gol del Bayern. Suerte que la selección española ya se ha encargado de inmunizarnos contra este tipo de situaciones, pero aún así: cuánto drama hay en la vida del aficionado deportivo chaquetero a estas alturas de la temporada.

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Otro drama: cinco partidos, cinco, con un sólo objetivo: no bajar. Hasta han hecho una web, para que a nadie le quepa duda. El club más demente de España -hay que ser muy demente para destinar el mismo dinero al primer equipo que a la cantera-, el que tiene la afición más fiel y más partidaria del cachondeo, el que debería ser un ejemplo a seguir por los demás equipos, sean del deporte que sean, está a las puertas del infierno. Que baje un equipo como el Estudiantes debería estar prohibido por ley, pero como ZP está a lo suyo y no colabora nada, sólo nos vale ganar esos cinco partidos (o cuatro, por lo menos). A por ellos.

Y otro drama más: me escriben los amigos de Salamancablog y me cuentan la movida que se está organizando para el 26 de abril bajo el lema “Salvemos a la Unión”. Ese día tengo bolo, pero me adheriré mentalmente a la noble causa con la nostalgia propia de quien ha sido socio de la Unión en los oscuros y no tan lejanos tiempos de la Segunda B, y de quien aún recuerda vivamente -que ya es raro- el fiestón que se pegó la noche del 0-5 al Albacete. Por eso, como salmantino, un poquito hostelero y bastante borrachuzo, me daría mucha pena que desapareciera la Unión, aunque no está de más recordar que esto ya lo hemos vivido.

En un pabellón de Salamanca, de cuyo nombre no quiero acordarme, no ha mucho tiempo que jugaba un equipo de baloncesto de los que alegran las tardes sabatinas y alguna que otra mañana dominical. Bien es verdad que, desde el principio, supimos que dicho equipo era propiedad de un señor al que el baloncesto le importaba tanto como a servidor el golf, y que si aquel proyecto hubiera seguido adelante, a lo mejor ahora tendríamos en Salamanca un equipo de baloncesto dirigido por, qué te digo yo, Julián Lago. Pero no es menos cierto que aquellos tres o cuatro años de CBS, con ascenso a la ACB y clasificación para jugar en Europa incluida, nos lo pasamos teta. Luego, aquel señor cumplió los pronósticos de los agoreros y el club y la plaza se marcharon a Granada. Como diría Krahe: “Y yo con mi bufanda como un gilipollas, madre...”

Ojalá esta vez el final sea distinto. Ojalá, dentro de unos años, cuando la UDS se esté jugando el pase a la semifinal de la Copa de la UEFA contra el Bayern, esta historia sirva para engrandecer la gesta. Pero para eso es muy importante que, pase lo que pase, y por muy mal que vengan las cosas, no compre el equipo un señor como aquel. Más dramas no, por favor.

AQSC: El trailer

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La Semana Divina 08/04/08

La Guerra de los Medios 07/04/08

demablogia | Dudas

El tren sale de Madrid a la hora en que cena la bohemia y llega a Lisboa a la hora en que desayuna el precariado. Antes de acabar viaje en la anciana estación de Santa Apolonia, hace escala en los terrenos de la Expo’98, donde se sitúa la moderna Estación de Oriente de Calatrava. El viajero la contempla y comprueba, una vez más, que la obra de este arquitecto le crea la misma sensación que la página web de El Adelanto: todavía no sabe si le gusta o no. Hay quien lo tiene más claro, como corrobora un reciente titular: “Intentó suicidarse porque no puede soportar la "fealdad" de un puente de Calatrava”. El viajero, de momento, prefiere vivir con esta y otras dudas.

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Lisboa es la capital de Portugal que, como Cataluña o Andalucía, es una nación pegada a España a la que viajamos bastante menos que a las antedichas, tal vez porque hasta hace poco no compartíamos carreteras decentes y hasta dentro de mucho no habrá AVE. Primero se ejecutará la línea de alta velocidad Madrid-Lisboa, vía Extremadura y, más tarde, la Madrid-Oporto, vía Salamanca. El viajero piensa en los años que le quedan por vivir y le surgen nuevas dudas. Lo de Calatrava, en cambio, cada vez lo ve más claro.

Los españoles suelen pensar que el portugués es un idioma muy fácil de entender porque se parece bastante al gallego. Y es verdad, pero el viajero no les entiende un pijo. Es entonces cuando decide probar suerte con el inglés y comprueba, sorprendido, que los portugueses lo manejan con una soltura que para sí quisieran los estudiantes españoles de secundaria, los pilotos de Iberia, las azafatas del AVE o aquel profesor de inglés del colegio del que el viajero nunca olvidará esta lección: “Se puede decir don’t o “donot”, así, como suena. Tras instalarse en el hotel y zapear un rato, encuentra la causa del extraño fenómeno: en Portugal, Los Simpsons se ven en versión original subtitulada, igual que todas las series y películas no portuguesas que se pasan en los cines o en la televisión. El viajero se pregunta que pasaría en España si en el próximo Consejo de Ministros se prohibiera definitivamente el doblaje y le vienen muchas dudas. Por otro lado, resuelve que la Ciudad de las Artes y las Ciencias de Valencia, cuando menos, es difícil de ver.

En la nación lusa, donde según las encuestas uno de cada cuatro lusos no vería con malos ojos la anexión a España -ilusos-, la vida parece transcurrir según los tópicos: el 28 sube y baja las cuestas lisboetas con una pachorra digna del mejor Rajoy; la estatua de Pessoa soporta sin rechistar las fotos que miles de viajeros (que jamás han leído ni leerán un libro suyo) se hacen con ella; en el Chiado se respira modernidad y decadencia a partes iguales, con la Fnac en sus entrañas como metáfora perfecta del ambiente. “The bill, please”, dice el viajero mientras concluye que Lisboa no decepciona, y que no quiere ver nada de Calatrava cerca de su casa. Antes de cerrar el cuaderno le surge una duda más: qué coño hará escribiendo sobre Portugal si lo que quería era contarles que “Las gafas de Angelino” es el truño más gordo que se ha estrenado jamás en la televisión española.

La Guerra de las Medias 03/04/08

La Semana Divina 01/04/08

demablogia | Singles

Cuando era más joven, un single era lo que los locutores de las radiofórmulas, tan aficionados al inglés, solían decir en lugar de “sencillo”, que era la canción que la disquera o, en el mejor de los casos, el artista, había elegido para promocionar su último trabajo. Eran aquellos locos días en los que uno se dejaba dos mil pelas en un disco del que sólo había escuchado tres minutos: los cansinos locutores ya se encargaban de “pisar” el principio y el final de los singles con sus inteligentes comentarios (“Hey, hey, hey, es lunes, ya queda menos para el week-end”), jodiendo así la faena de todos los listos que, como yo, intentábamos grabarla en nuestro flamante radio-cassette de doble pletina.

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Ahora que los buenos artistas (como Iván Ferreiro) cuelgan sus nuevos trabajos en la red para que todo el que lo desee lo escuche o se lo grabe por la filosa, ahora que por fin hemos acabado con la tiranía de Los 40, ahora que podemos cantar “Internet killed the radio star”, la palabra single cada vez se usa menos en su acepción musical, y cada vez más para definir a todas esas personas que, en los pretéritos tiempos del walk-man y la cadena Hi-Fi, se llamaban “solteros” y “solteras”, en un cambio de denominación tan lógico como el que propició que a los peluqueros comenzáramos a llamarles “estilistas” y a los barrenderos “auxiliares de limpieza”.

Los singles son aquellos de los que las madres del lugar, cuando pasaban de cierta edad, decían: “Pobre, se ha quedado para vestir santos”. Aunque para ser parte de esta nueva tribu no basta con renunciar a compartir la cama: hay que llevar el anillo azul que te identifica como single, hacer cruceros exclusivos para singles, ir a bares especializados en encuentros de singles y, en fin, gastarse mucha pasta en demostrar que uno es un sofisticado single de hoy en día, no un cutre solterón de los de antaño. Y sobre todo, hay que darse prisa, ya que las tendencias cambian a la misma velocidad con la que nos bajamos canciones y pelis de internet: antes de ser singles nos tocó vivir en pareja y ser DINKIES (double income, no kids = doble salario, sin hijos), y antes homosexuales (para acceder al Pink Market), y mucho antes yuppies, y siempre BoBos. El caso es no parar de ofrecernos chorradicas a los que tenemos la suerte de poder pagar -de momento- la hipoteca.

Y nosotros, encantados, claro. Servidor no da abasto. Se me junta la afición a cualquier tontería nueva con esta sabia ley que ellas me enseñaron: si estás mal, cómprate algo. No me pregunten por qué, pero funciona. Tú estás mal, te compras algo y se te pasa un poco, ya seas single, dinkie, BoBo o de Adeslas. Y como lo de vendernos discos de los que hemos escuchado tres minutos a doce euros ya no cuela, ahora nos atacan con iPhones, Wiis, Blackberrys, y grupos sociales. Pues bienvenidos sean. Sepan, señores que crean las tendencias, que aquí tienen a un tarado dispuesto a gastarse lo que haga falta en sus pavadas. Dicho esto, puede que los optimistas que esperan algo más de este rincón se escandalicen ante tanta frivolidad. ¿Y qué quieren que les diga? Tienen razón. Ustedes sabrán perdonarme. Y si no saben, y ello les lleva al enfado, e incluso a la depresión, cómprense algo.

demablogia | Las gambas

Vaya coñazo de elecciones, majos. Cuatro años de ruido, furia y obispos en la calle para que todo se quede como estaba (guardemos, eso sí, un minuto de silencio por Llamazares, víctima injusta de un sistema electoral que, o renovamos urgentemente, o a mí no me engañáis más). Siempre desde una perspectiva egoísta, que es desde donde suelo observar los acontecimientos, este resultado es un marrón para los que no aspiramos más que a ser unos dignos bufones, con una digna cuenta corriente y una digna segunda residencia con una digna piscina, nada más.

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Se lo dijo Gallardón a Buenafuente en plena campaña y sin anestesia. “¿Y si gana el PP?”, preguntó Andreu. “¡Pues anda que no os íbamos a dar juego!”, respondió Alberto. Así es, por desgracia. Algunos dimos lo mejor –o lo peor, según se mire– de nosotros mismos cuando vivimos contra el PP. Aún recuerdo con nostalgia aquellos días atolondrados, con el Chema casando a la hija con una mano mientras preparaba la invasión de Irak con la otra. ¿Y los secundarios? Ana Palacio, Pilar del Castillo, los Trillo, los Zaplana, los Acebes... ¡Cómo nos lo pasamos, y cuánto aumentó nuestro maltrecho patrimonio! ¡Y venga taxis! ¡Y otra de gambas! ¡Y sácate una de jamón ibérico, que eso nunca falla! Por eso nos conviene que el alcalde de Madrid siga siendo eso, alcalde (bueno, y relaciones públicas), y que el “maricomplejines” deje paso a la Espe, que es la que, parafraseando, nos va a dar juego.

No hay más que echarle un vistazo a la Comunidad de Madrid, región que ella ha reconvertido en la República Independiente de Esperanza, animada, sin duda, por sus inapelables resultados electorales. Hoy, en Madrid, se persigue a los médicos que cumplen con su obligación en la sanidad pública, se dificulta el derecho al aborto según la ley española, se apuesta, se favorece y se subvenciona a la educación privada en detrimento de la pública, se ponen todas las trabas posibles al desarrollo de la Ley de Dependencia –mientras se publicita sin cesar una ley sospechosamente parecida de la Comunidad–, se desperdicia el dinero público en financiar una televisión autonómica a mayor gloria de la Esperatriz –el pásado sábado emitió 14 segundos de la declaración de la hija de Isaías Carrasco–, y he visto fumar y he fumado en sitios que vosotros nunca creeríais. Porque hoy, en Madrid, hay un gobierno que se dice antinacionalista y que, sin embargo, toma decisiones que sonrojarían al ex canalla oficial Carod Rovira y le provocarían un agudo ataque de envidia al más insolente de los lehendakaris. Y es que hoy, en la República Independiente de Esperanza, todos los esfuerzos se concentran en convertir al menos fundamentalista de los territorios ibéricos en una especie de reserva espiritual de la derecha menos partidaria de hacer autocrítica tras las elecciones, aunque parezca que Espe tampoco dudaría en sacrificar este noble empeño por la posibilidad de alojarse unos años en La Moncloa.

Mientras los titiriteros esperamos tiempos mejores en los que la íntima amiga del Fede se haga con el control absoluto de su partido y de la nación, y nosotros ganemos lo suficiente como para poder comprar el piso de arriba y hacernos un dúplex (por no hablar de la piscina, que algún día tendremos que cubrirla), habremos de confiar en la acreditada capacidad del PSOE para complicarse la vida. O seguir animando a Gallardón para que, de una vez por todas, deje de ser alcalde (bueno, y relaciones públicas), funde un partido y nos deje en su lugar a Ana Botella. Eso sí que nos daría juego. Y gambas.

demablogia | Volver

Aunque la mayoría de las encuestas, predicciones y sondeos coincidan, yo no lo veo tan claro. No hace falta retroceder mucho en el tiempo para rememorar triunfos que parecían cantados y se torcieron contra todo pronóstico en el último minuto. Además, sea quien sea finalmente el ganador, habrá que analizar serenamente los factores externos que habrán influido en su victoria. Porque una baja de seis semanas de tu jugador estrella cuando quedan tres meses de competición (y la Champions, y la Copa), quieras que no, se tiene que notar. De momento, esto ha desmovilizado mi voto y el de todos aquellos que, como yo, son aficionados al fútbol a la manera japonesa, mucho más divertida y lógica que la nuestra: consiste en animar a los jugadores en vez de a los clubes. Servidor, por ejemplo, es de Messi, entre otros.

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Me da igual que juegue con el Barça, con Argentina, o con el Puerta Bonita. Lo importante es que juegue, cosa que no va a suceder en las próximas seis semanas, para desgracia de cientos de miles de hinchas japoneses. Mientras tanto, nos distraeremos con los chispazos de Agüero, con las asistencias de Guti o con los paradones de Casillas (lo de animar a la nipona no tiene más que ventajas), pero contando los días que le faltan a Messi para volver, con la pierna marchita y las nieves del tiempo plateando su sien. Y lo peor es que, aunque pertenezca a ese selecto grupo de futbolistas que deberían jugar con escolta (y puede que con frac), esta vez ni siquiera podemos echarle la culpa a un defensa psicópata. La culpa es nuestra, de los hooligans irracionales y egoístas que exigimos que juegue siempre. Y de él mismo, claro, que es su fan número uno. Quizá le venga de cuando era un nene con serios problemas de crecimiento por el que pocos apostaban. Cuenta la leyenda que el Barça adivinó sus posibilidades y pagó el carísimo tratamiento, pero viéndole jugar cualquiera diría que sigue teniendo graves problemas de crecimiento: vive buscando el gol imposible en El País de Nunca Jamás. Valdano lo explicó así: “El problema es que cada vez que le pasan el balón quiere hacer la jugada de su vida; esto denota cierta desconfianza en el equipo”. Seguramente, pero esos detallitos técnicos, a los japoneses, casi que nos dan igual. Estamos muy ocupados adivinando el parpadeo de las luces que a lo lejos van marcando su retorno. Que seis semanas no es nada.